1.5.09

DÍA DEL TRABAJADOR

DIGNIDAD
Recordaba las palabras de mi madre, quien se criara en una familia numerosa, con mucha educación y poca plata. Donde ya en la juventud había que ayudar al padre e ir a trabajar. Siempre repetía la historia de su padre custodiando, qué tipo de trabajo se le encargaba a sus hijas. Si eran contratadas para atender al público, arreglar las cajas de bombones e ikebanas, la vidriera o estar en la caja cobrando, ésa era la tarea y no otra. ¿Qué significó este concepto para la época?. Significó que colaboración y predisposición en las tareas para las que uno es contratado, es una situación totalmente diferente, a la que se plantea cuando el empleador, amplía por decisión unilateral, encomendarles a sus empleados, otras tareas, como por ejemplo, limpiar los pisos o los vidrios externos o las marquesinas, los mostradores y la vereda. Estas nuevas tareas, no implican que se les aumente el sueldo en consecuencia. Muy por el contrario, se pactó otro precio, que el que en verdad correspondería.
Además esta actitud, no sólo deprecia la tarea para la que se les contrata, sino que está ocupándosele un espacio en el mercado de trabajo, a quienes pueden desarrollar estas últimas tareas y no las primeras. Por tanto unos estarán subocupados y otros por culpa de ello, desocupados.
En la actualidad, estas situaciones subsisten y proliferan, pero no existen planteos racionales, de estos derechos. Como partes del engranaje laboral económico, esta sutil diferenciación, tiene una importancia y un efecto multiplicador, que no es suficientemente difundido. Se dirá, desde la mirada del que contrata, que puede pagar una empleada y no dos, pero esto nos introduce en otro tema: ¿están realmente declarados, como tales estos trabajadores, o en general están fuera de las planillas, fuera del sistema de protección?. Sí, protección, sin ironía, ni disgusto, el sistema laboral y el económico, como recursos para el hombre debe servir al hombre y seguramente, las leyes están pensadas, en su objetivo final para el beneficio del conjunto de los individuos; pero se necesita que esas leyes, sean aplicadas y cumplidas por todos. Así serán eficaces. Y el sistema no debe ser saboteado, por unos y por otros. Por los que resultan más débiles en la relación y ¡por los que tienen el poder de conceder trabajo! .
Obsérvese, que dije ¡conceder!. Qué absurdo no?, hubiera jurado que trabajar, era un derecho constitucional!, que las leyes aseguraban condiciones dignas y equitativas de labor; retribución justa; igual remuneración por igual tarea; y por último el derecho a una cobertura de salud y de previsión de la contingencia de la vejez o la incapacidad.
Todo esto, es aquello, que en la calle se conoce como la diferencia entre ESTAR EN BLANCO, O EN NEGRO. Fíjense que digo ESTAR, no digo trabajar, porque trabajar: es una actividad, dinámica, digna, revalorizante, auto-actualizante, que no tolera clasificación alguna similar a la referida (blanco o negro).
Por el contrario, ESTAR, verbo estático, que denota “El para qué; cómo; no se puede!”, que ataca como un virus miserable, a esta sociedad y la condena.
Vaya, si la condena, tanto, que ese “status quo”, enraizado como maleza, detiene el alma de los pobres; impide su movilidad social; logra convencerles de que la VIDA, lo elemental de la vida, no debe ser para ellos y que les fue mal en el reparto.
Y así, en esa ignorancia nefasta, producto de una desidia generalizada, de la inexistencia de una trama social, verdadera, que nos reconozca a cada uno como parte de un todo, que nos supere en intenciones, que libere la energía propia de la cohesión social, se va deteniendo el reloj de las comunidades. Y hasta aquellos que aparentemente, habrían recibido mejor reparto, empiezan a perder posibilidades, mercado y demanda, llegando a una atomización, que como toda cadena de átomos, puede acelerarse y estallar.
Si esta visualización suena un poco apocalíptica, es lo que pretendo. Reconozcamos que cada uno de nosotros, en la actitud que toma en cada sí y en cada no, que responde, tiene las herramientas, para liberar otra cadena de energía, que también estalla, pero en pequeñas estampidas, que en sucesión paulatina y continua, vuelven a producir un engranaje aceitado, con ruido a taller, con música de dignidad, con sustento en satisfacciones cotidianas.
Tu derecho no puede ser avasallado por nadie. Tú, sólo frente a quien pretende vulnerarlo, eres quien debe defenderse. Para ello, debes estar convencido de que ¡es tu derecho!, de que tienes el poder para decir NO.
Saber decir NO, o bien, poder elegir decir SÍ, pero por convicción, no por presión.
A cada acción corresponde una reacción. Cada acto volitivo determina una conducta en el otro, también de la voluntad, aunque sea desencadenada por nuestra acción, para el otro, inesperada. El otro, también tiene oportunidad de elegir, sí o no. Su reacción. Esa reacción es la respuesta a un vínculo establecido, es real, será transparente. Podremos observarlo. Producirá múltiples efectos. No todos ellos tienen por qué, ser negativos, también existe la bondad, la honestidad y la misericordia en el fondo de tus enemigos. Recordemos que los franceses cargaron sobre sus hombros alemanes, que se estaban asfixiando, con gas, después de un ataque de la resistencia y les liberaron de una segura muerte. (“En el fondo de tu enemigo late la misericordia. ANDRÈ MALRAUX”). Cuánto más, no vamos a creer que sí existen, esas valías en nuestros conciudadanos, vecinos, empleados o empleadores.
Tratemos de situar nuestra individual realidad, lo más objetivamente posible. ¿Es tan cierto que pasamos hambre?. Sabemos, ¿qué es pasar hambre?. Por si alguno responde que sí... Sabemos ¿qué pasó antes de llegar a esa situación?, ¿supimos aprovechar los recursos personales y materiales que teníamos?, o tiramos por borda, conocimientos y verduras porque no nos gustaban?. ¿Hicimos de cada hora del día, un aprovechamiento integral?. ¿COMPLETAMOS EL ESPÍRITU, LA RAZÓN y EL ESTÓMAGO, antes de retirarnos a dormir?. O bien, dormimos para no pensar. No comimos para enfermar. No pensamos para terminar ahogados en deudas y problemas supuestamente imprevistos. ¿Descubrimos en el espejo al hombre interior, a la consciencia profunda, al alma dormida, o sólo vimos una arruga más, un brillo menos y un semblante casi desconocido?.
Cuántas, de esas horas de trabajo las dedico a las metas de otros y no a las mías. Ni siquiera para las metas de la comunidad. Sino, para un tercero, que tampoco da al César, lo que es del César. Y ni pensar, a Dios, lo que es de Dios. Es imprescindible distinguir entre TRABAJAR empleado con alguien y TRABAJAR para alguien. Si es verdadero y digno trabajo, remunerado conforme con las tareas que desarrollo y protegido por el sistema de la seguridad social, estoy trabajando PARA MÍ.
Si mi trabajo es bien calificado repercutirá en la riqueza de aquél con quien me empleé e implicará que aquél, pueda generar más empleos o mejores salarios o si es eficaz el sistema de recaudación, la comunidad también recibirá más de esta actividad nuestra. No obstante, uno en esas condiciones está trabajando para sí y para quienes dependen de él, para producir su propio alimento, abrigo y protección.
Mientras que el que ESTÁ EN NEGRO, sólo dedica horas al trabajo para otros, a cambio de lo elemental para seguir trabajando para otros, comer y viajar hasta el lugar de las tareas, quizás vestir, quizás compartir; pero no estará acumulando esfuerzo para sí, para su salud, su familia ni para su futuro, porque ello implica una dinámica que tiene el proceso del trabajo con alguien, no del estar trabajando para alguien.
Ese alguien que paga en negro y tiene gente que “le trabaja” es el mismo que no paga los impuestos, o los elude, o los evade. Es el mismo que cree darle a Dios lo que es de Dios, sólo porque va a misa los domingos. Es quien culpa de su incumplimiento a las leyes que protegen al trabajador, o sea, vos querido trabajador en negro, sos el único culpable, del pobre patrón, que no puede cumplir con tus derechos, porque tiene que salir de vacaciones, ir al club, mantener los autos, lancha y amigas.
Si analizamos la situación más inmediata, de la economía de una ciudad, tenemos casos notorios en Cías. De Ómnibus; en Puestos de Diarios y Revistas por nombrar sólo algunos, en los que hallarán hombres dedicando horas y horas a llenarles los bolsillos a esos dueños. De más estará aclarar que no son “pequeños kioscos de familia sostenidos por madre viuda con hijos chiquitos”... Esta burla de la palabra, es cruda burla de la realidad. Feliz estaría yo, si la ciudad estuviera inundada de empresarios y comerciantes, que deseen producir grandes ganancias. El detalle que me hace renegar, es el medio que utilizan para proporcionarse egoístamente para sí, esas ganancias. Usan a la gente que emplean, a los conciudadanos que cumplen con los impuestos, a las autoridades que viven pergeñando la forma de controlar, pero no lo logran, a todo aquél con quien está en disonancia social.
De eso tenemos que darnos cuenta, hay quienes no toleran la vida en sociedad, aunque “pasen el día leyendo el diario, meneando la cabeza y vociferando”, pues a la vez esconden la mano.
Se muestran como corderos de peluche, tratando de mover la pesada rueda y en realidad usan microchips y tienen una cuña escondida debajo de la “pesada rueda”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario